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Silencios indecibles

Melifluo
Excesivamente dulce, suave o delicado.

Te engañé con el poso de otro café
fue melifluo el beso
que, como Evora, me hizo nacer de Cesaria,
me arrancó de placer las entrañas;
después de declararme, retuércete
hazte caramelo, regodéate.

Te engañé con la melancolía más ingrata
me falsifiqué la sonrisa, mi gesto licué,
fundí tus negras pupilas con la palabra maldita.
El adiós sonó como un golpe en la pared,
como un cristal de corazón rompiéndose,
como un puñal por la espalda, abriéndose.

Te engañé vistiendo prendas que prendieron fuego
con las que prendí el viaje que pronto acabó,
con las que aprendiste a amarme, y yo aprehendí a amarme
a asimilar lo ilegal de este trayecto: uno de los dos no cruzaría el arancel.

“Te engañé”, dices, “con esos labios de mujer”
pero ni eran labios ni dependía del género ni del ser.
Sólo saqué lo que ardía dentro, y esfumé lo dejé.
Quedó seco; el camino hacia la verdad suele tener
recovecos agrios como la hiel, y zarzas dulces como la piel.

Ambos sabemos que te engañé.
Nunca te dije con qué nombre me conoce el Diablo Lucifer
tampoco qué trató que le firmé.
Sólo saben mis párpados, los silencios que de ti callé.

L O+ L E Í D O · A Y E R

Marcapáginas

Pronunció mi mirada con su sola presencia. Era un duelo de miradas, de visos, de querer y quiso. Declamó versos de sus labios, ambos aceptamos ser sumisos: rimó guiño y párpado. Puse trufa a la estrofa; salté de párrafo relamió cada sílaba como si fuera dulce agrio, quiso querer y quiso. Interceptaba mis palabras, recorríamos el mismo camino. Dedicó un espacio al tiempo que nos llovía despacio. Fue una tregua de abrazos, de leer y ser leído. Anotó en un renglón lo que quería hacer conmigo y jamás se le olvidó, esperaba el despido. Él fue rosa, yo su libro, intercambiamos miradas tocó atardecer, sonreí a su partida, con decoro, adornó el camino, pusimos fin a la sílaba, la dejé contigo. Feliz día del Libro y de San Jorge.

destrezas

No hace falta razones coge la playa y nos bañamos aventura tras aventura a la mar nos vamos. poemtober: aventura

daily chat

sin centrar un renglón a perfilar y miraaaa, qué tonteeeríaaaa zarzas y moras en una patissería un postre a catar sin filtrar un mensaje, un audio déjame evadir frutos salvajes decoran tu ombligo palpita en mí raquíticos tornados en mi celular te gusta la melodía y transformar un día a día, en algo más posible rollo romántico sólo queda esperar eres mi daily chat ¿posible vuelta a enamorar? quizás, quizá, quizás no siento ese ímpetu sólo frambuesa y miel espero al estallido Sant Joan ya fue una rosa, no un florero un libro, una lectura en el caminar Sant Jordi queda más cerca o el cora dejará de funcionar sin puntualizar sin definir, sin rímel, sin decora sin prejuicios y con mejoras la adultez nos une y nos reporta novedades en el porvenir. poemtober: equilibrio

que no supiera

como si no me conociera me preguntaría qué hay en mis rarezas qué pienso cuando escribo qué pasa por mi cabeza cuando voy y te digo que igual te quiero (decir) como si no me conociera tendría intriga por mí misma y me cuestionaría cada gesto, cada mirar, cada queja me tendría curiosidad por ver en qué más piensa en qué querría hacer mañana, o a la tarde o a quien querría a mi vera como si no me conociera me gustaría ver cómo es esa persona tan inquieta escuchar su voz cada día, proyectada entre las yemas me gustaría escuchar su latir si apoyara en mi pecho su cabeza me gustaría verla crecer, verla envejecer, verla y verla admirarla y admirarla aplaudirla y levantarla nana, nana ea, ea como si no me conociera me gustaría piropearla, cada vez que se me acerca me gustaría agasajarla como pingüino con piedras me encantaría invitarla a tardeo en terrazas o estar las dos bien juntas, escuchándonos sempiternas como si no te conociera ¿qué me dirías que no supiera? poemtober: voz