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Mostrando entradas de marzo, 2019

Los domingos al sol

Sol en la tarde, Burgos en el corazón. Es fin de marzo.

Ojos que no ven... ironía de la vida.

No parece que doliera, dijo firmemente mientras vendaba mis ojos. Llovía el ocaso sin dejar posdata. No parecía que quisiera confesarlo, pero acurrucó en mi regazo las palabras que no quería oír, y las escuché sin reprochar; las entendí sin contestar. No quisimos que volviera, nos refugiamos en esos paradigmas tenues de versos sin rima, de silencios en la noche. Cubría el manto del miedo mis heridas, pero no quise colirio para las infecciones; sólo manché de gris aquellos soles que borrosos ploraron por explicaciones. Gogh no pintaba gualdo en mis sonrisas. Así que quedaron cenizas en las cornisas de los labios y nostalgia en el punto de mira.

CÓDICES PISADOS (II)

[...] No soy el más indicado para quejarme. Sufrir es algo común a nuestra raza, como dirían los mundanos. Es inherente a la genética que nos hace nuestro el destino. Lo peor es que lo tenemos asumido. Pero la vida contamina más de lo que esperamos que haga. Pero ahora mi condición no vale nada aquí; pero siento y sé que Nhï rezuma muy dentro de mí. Y sin embargo, no puedo hacerle nada; la sentencia ya está decidida. Y si ha de condenarse, se condena. Me maravillé de lo resignadamente asumido que lo tenía. ¿Sería por la anterior discusión con Kavi? Presiento que algo bueno debe ocurrir después de esta condena... ¡No puede ser todo tan catastrófico! Al menos eso quiero creer. Miré hacia las tejas de las casas que rodeaban la plaza, había una humedad inmensa en el ambiente y por un momento pensé que podría ayudarle y revolucionarme contra el Estado, sus decisiones de aquella tarde en la Ciudadela y poder salvar a Dain de su mal e inminente presagio: un final que a todos los ser

SINO Y SUPLICIO

[...] Sintió cómo se le hacía casi imposible sentir el aire que respiraba. Era un nudo en la garganta, casi palpitando por llegar al desenlace. Pero no había manera. Era un agobio incesante que se impregnaba paulatinamente sobre su pecho. Sintió un pequeño pinchazo en el costado: todavía no podía tirar la toalla. Necesitaba llegar hasta abajo; estaría a salvo. La presión seguía golpeando: era como un extraño que pujaba por salir de su cuerpo, pero conocía a la perfección a ese extraño, y no podía dejarlo salir. No al menos al completo. Sería una catástrofe. Un descontrol. Inhaló a duras penas una pequeña bocanada de aire, pero más que ayudar a sentirse con vida, le quebró todavía más el cuerpo. Era irónico y lo sabía: morirse por lo que tenía dentro; por aquello que, incluso, la hacía mantenerse con vida. No era un buen destino. Tampoco una meta en la vida, pero ésa era una lucha que debía solventar sin ayuda de nadie. El peso del deber presionaba sobre sus hombros. Era

Haiku morado

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#8M #MUJERES #NiUnaMenos Por heroína, y por brillar tú sola. Ponte morada. A ti, Octava Maravilla. #8M #NiUnaMás #NiUnaMenos #YoSíTeCreo   [Escrito para el concurso: Diversidad Literaria, forma parte de la Antología de Haikus III , 2019] Y sonó la flauta.

Vilo y velas

Hay susurros que traspasan mi taladrada cabeza, que arrastran mareas cargadas de mierda y no me dejan dormir. Ruidos que necesitan espantar los pájaros de mi cabeza, dejarlos volar fuera. Murmuros calan mi espalda, y no de besos; clavan puñaladas, y no me crean rencor. Y si embargo, no cobro por todos los secretos de los que no se guardan en ningún cajón, que no hay llave que los mantenga bajo control, y las bocas bien cerradas; tampoco suspiros que evaden esas incriminatorias miradas. Recojo sus esquirlas de cristal y las hago verso: como los poemas que nadie lee. Escojo palabras que explotan en mis adentros como bombas de jabón y espuma rabiosa que tanto y profundo sentiré. Necesito burbujas, necesito aliento. Déjame crecer. Siempre he recurrido a los acordes de un acordeón mudo, por no percibir el silencio he querido descartar miedos, y me he quedado sin esperanza en el inframundo, he alejado a un elenco que me desgarraba, he querido quedarme loca. Y si he de es