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Mostrando entradas de noviembre, 2015

Alas Rotas y Gris

Llegué a enfadarme, pero suspiro, ya no hay vuelta a atrás todo está escrito. Las notitas más suspiradas, las sinceras de "Alas Rotas" las dulces de Gris; todas ellas notitas nada más. Lo escrito, escrito está, no se puede cambiar pero sí contar ¿Cuántas van ya? Alas Rotas escribió primero, dando el segundo paso tras el sincero el primero, que es el más jodido. Gris, sonrojada, contestó, y ahora día sí, día también notitas esperando ser leídas esperan escondidas tras los lugares de encuentro. [Parte de proyecto "Escribiendo sobre piedra/ Writing On the Wall"(por Victoria H.C. © ]

Un barco sin piratas

Yo seré el capitán de este barco Que se hunde sin remedio. Alguien tiene que hacerlo De no querer que se nos vaya todo al traste. ¿O Es que alguien quiere vivir sus últimos minutos en la anarquía? Déjame, niña, yo cojo el timón. La costa no está lejos y con algo de suerte arribaremos. O no. El agua se filtra, yo no puedo hacer nada. El fuego se prende y engulle el palo mayor. Sed fuertes, marineros míos, que si nos vamos, No lo haremos sin la gloria.   Esther Ochoa

One Flew Over the Cuckoo's Nest

Locos de atar Dos caminata hacen Por pasillos tejidos De turbulentas maldades. Telas arácnidas De jeringas llenas Medicinas a cada hora Vida de un loco empieza: "Finjo estar loco Ganándome los focos de atención. Locura de conveniencia No quiero trabajar". "Mujeres igual a complicación Si me acerco, se alejarán Y entre los brazos de otro hombre Huirán. Miedo a besarla En la cara, en los labios...". "Quiero que me hagan caso Soy un niño bueno Dame mi juguete. Quiero jugar". "Ellos creen que divertido Sordomudo es, Y en realidad les oigo bastante bien. Rostros pálidos. Estúpidos son. Déjenme vivir en paz ya". Locos de atar. Cuerdos a su manera, Que a su manera, cuerdos están. No practiquen atrocidades con ellos Déjenlos en paz. El silbido de un ave posándose sobre la rama, Un árbol larguirucho movido por el viento. Una muerte por un compañero. Una vida sin sufrimiento. ¿Quién voló sobre el nido del

Nescentia necat

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¡Hay que leer! ¡Mucha lectura! ¡Pues quien no lea, s e queda entre las dudas! Leer enriquece

Medio cielo para un cuarto de ciudad

Contenga o no iluminación la nocturna vida, Siempre habrá medio cielo para un cuarto de ciudad. Farolas tintineantes, ansiosas por iluminar Los oscuros cielos que engloban la capital. Faros cromáticos de esperar, Ámbar ansioso al arrancar, Furiosa y verde libertad. ¡Iluminen la ciudad! Resto de la atmósfera, nublado está Amenazas de lluvia Congelan el tiempo al pasar. Copos fríos. Vaho en el cristal... Bajas temperaturas, Helado está el manantial. Esta es la noche en mi ciudad, Este es el medio cielo complejo para este cuarto oscuro de ciudad. Lo verás al pasar. Pesado aire, de las fauces de la bestia respirarán Sofocadas bocanadas entrecortado corazón herido. En el bosque, lejos de la ciudad Algún contagiado olvido, merodea el peligro... Luz poca hay Mirada al cielo, comienza a pestañear. Sofocados lloros... Nadie te oirá Entre humedades, perdido. El tránsito agobiante de la ciudad Se callará entre los árboles.

Los Iguales

No existen razas ni distinciones Sólo sueños de mil colores. Somos uno y somos todos Únicos y diferentes. Pero somos iguales. Curiosos, Serenos, Ausentes. Personas. Seres. Gente. Arrastramos nuestros pensamientos Para más adelante levantarnos Y aunque nos caigamos de nuevo Ahí estamos. No existen razas ni distinciones Sólo una Tierra de mil colores. No hay divisiones. Curiosos, Serenos, Ausentes. Personas. Seres. Gente. Palpamos reímos, lloramos. Entendemos y nos amamos. Somos iguales, y si no lo entendemos nos callamos pasito atrás. "Yo no soy igual". "No", dice otro. "Yo tampoco, yo soy diferente de todos vosotros... Soy único y soy un prototipo. Soy especial igual que cualquier otro. Pero soy y yo soy yo, ningún otro". Uno alza la voz. Otro alza a otro. Unidos en contra de la discriminación. A los discriminantes, no los soporto. Todos somos uno. Uno somos todos. Un universo, una raza, No vayam

Un soneto no es canción

Unas notas de piano, Tres acordes malditos, Y un arpegio que se rompe En las cuerdas de mi guitarra Cinco líneas, Los silencios, Las corcheas y las fusas se golpean. Y las negras se confunden con las blancas. Un diapasón desafinado, Una melodía mal tocada Y una canción aprendida de oído. Desde entonces no he vuelto a tocar. Prometí no volver a cantar; Mas mi voz se elevó por ti de entre los muertos…                                                                                       Esther Ochoa

Para ti (поцелуй)

Soñar despierto... me adormece, pero más si sueño contigo. Soy el dueño de mis sueños y el esclavo de tus gestos. Soy y soy un hecho. Al mirar por la ventana y mirar hacia los vientos, soplo de aire...suspiro; brisa fresca, te miro. Las hojas de un otoño seco yacen en el suelo y las pocas flores que quedan, suspendidas en tu pelo. Si cuando llueve, no te veo tu paraguas rojizo cubre el cielo. Si cuando te miro, parpadeo mirarte directamente, no puedo. Hasta que anochezca, en tus oídos susurro las palabras más bonitas; y en tu suave piel acomodo mis besos, mis mordiscos, mis manos frías. Y no quedo satisfecho con un par de caricias; paseo mis dedos delicadamente por la seda de tu cuerpo y hasta que no veo tu temblante espalda sacudir a gusto no me quedo. Someto tus impulsos a los caprichos labios nocturnos que pegajosos susurran morbo prohibido, que mojados, se encuentran contigo. Tras los cristales se condensan placere

Destinos que se reencuentran.

   T iró un poco más de la capucha para taparse la cara y facilitar así a las sombras el trabajo de disimular sus rasgos en la oscuridad. Dio un mordisco an la manzana verde y salió del porche del palacete después de haber tirado el corazón por ahí.    Arriba tronó y un relámpago bajó para iluminar la calle durante un segundo haciendo pareciese mediodía. Abajo el suelo empezó a mojarse con puntitos de agua que caían desde la tormenta y en las irregularidades del suelo comenzaron a formarse charcos. Las hojas y la hierba susurraban al compás del agitado viento que a su vez refrescaba horriblemente el ambiente.    Cruzó por medio del camino que separaba dos jardines subió las escaleras de la catedral, entró por la puerta principal y la cerró a sus espaldas con un chirrido. A su paso, las velas de los candelabros se encendían y se apagaban detrás de ella. Llegó hasta la mitad del crucero y se detuvo a escuchar los truenos y la lluvia torrencial de fuera.    Desde el triforio llega

Plumas de edredón

Una mañana tranquila, merece una noche estrellada. Una mirada perdida unas mejillas sonrosadas. Una chiquilla tumbada un perfume dulce el corazón ardiente de deseo... Sueños entre nubes. Risillas entrecortadas, besos desenfrenados masajes en la nuca paraíso entre las sábanas.