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Mostrando entradas de noviembre, 2016

El quid y el off

Lloran mis ojos, sangre de mis heridas y se consume poco a poco, la rabia acumulada; dominan en tus fotos, las miradas disimuladas y se congelan mis labios al saber de tus entrañas abiertas. Aúllan esos ecos, que revientan las brechas y reconstruyen tu cuerpo, con el cantar de las bestias; esos cristales toscos de los que cuelgan carámbanos rotos, amainen, por favor, mis penas. Esas gotas de nieve que funden los sentidos, que nublan las venas, que rizan los quejidos, y la tinta que derrama desde el ello de mis pensamientos, hasta el exterior de los lo sientos ,   mata, desgarra, condena, quema, del último chasquido de la carne, hasta mi alma en condena. Aquí estoy. Vivo, viva, muerto, herido, sin vida…suspiro, pongo el quid a la cuestión. Vicky

Gracias por participar

   T odo parecía demasiado irreal; como cuando despiertas de una profunda borrachera al día siguiente y te preguntas qué cosas son las que han sucedido realmente y cuáles no.   Llevaba un pijama de hospital limpio y las sábanas de la cama ya no tenían manchas de sangre y el suelo tampoco olía a vómito. Alguna enfermera había tenido la gentileza de no subir las persianas en un día tan soleado, de dejar la habitación en penumbra.    Recordaba brevemente los ataques y a los médicos corriendo de un lado a otro, las inyecciones de calmantes y el dolor sordo de cabeza, igual que el de un casco que le oprimía las sienes. No había nadie en la habitación y el silencio solo era interrumpido por los pitidos del monitor; quería quitarse ese dichoso cable, pero sabía que si lo hacía enseguida una manada de enfermeras y doctores se acercaría corriendo a la habitación para hacerle preguntas y pincharle cosas. Intentó incorporarse pero se dio cuenta de que unas correas le sujetaban por el pech