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Mostrando las entradas etiquetadas como ©opyVICK NOVELAS

Como brisa de verano.

[...] ¿Adónde mirarán las esperanzas?, se preguntaba cada vez con más frecuencia. El cielo era precioso aquel atardecer; el ocaso ya indicaba que el día llegaba a su fin, pero las vistas eran perfectas. Parecían eternas. Esas nubes rosáceas, que tendían ligeramente al lila desteñido, las aves anidando al lado contrario de hacia donde sus ojos miraban... Era un paisaje tan eterno y relajante como efímero y estresante que inquietaba de lo perfecto que era. En cualquier momento todo aquello podría dar la vuelta. Se trataba de unos cuantos microsegundos que se irían acumulando arrebujados en la memoria, como un recuerdo que, si había suerte, recordaría alguno de estos días, si la edad se lo permitía. No obstante, lo importante en ese instante era captar la esencia del momento: disfrutarlo. Sentía que sería la última vez que veía aquella atmósfera; parecía como si la naturaleza hubiese decidido pintar un lienzo detallado, sublime y exclusivo sólo para que sus ojos lo admirasen. No pudo cont...

LOS DEMONIOS NO PUEDEN DORMIR

Poco antes de volver a comprobar por quinta vez que en aquella oscura habitación no había nadie y sólo eran estragos de su propia imaginación, escuchó un crujir en el techo y no pudo evitar mirar para arriba. Para su desgracia y ansiedad, no había nada, pero esto le dejó incluso más intranquila de lo que estaba. Notaba cómo todos sus músculos se le tensaban, el sudor recorriéndole la espalda, el corazón desbocado bombeándole sangre al cerebro para intentar pensar con claridad... Y sin embargo, sentía que la cabeza le iba a explotar. Se escuchó a sí misma respirar y le pareció que lo hacía demasiado fuerte: cualquiera le podría escuchar. Olía su propio miedo envolviéndola; no volvió a escuchar ese crujido en el techo pero sabía que estaban cerca. Su poca adrenalina le empujaba a seguir adelante y a no preocuparse más de lo necesario. A seguir porque encontraría la salida de esa angustiosa jungla. Necesitaba salir de allí. Sabía que podría quedarse despierta hasta ver amanecer pero hoy n...

SILENCIO SELLADO [poema místico]

Vi cómo los estorninos volaban en círculos. El carro del niño dormido, el charco salpicaba un destino, los colores de los frutos prohibidos...   Sentí cómo llegaban tus alaridos, el hielo mantuvo tu corazón en frío; nadie supo decir nada cuando sofocabas en el suelo tendido.   La ira se apoderó de mis avernos, la sangre bullía desde mis adentros, deseaba verlos muertos...   así, la venganza se llevó los cuerpos hasta el río. Sólo mirando a los ojos veo el sincero brillo de aquéllas que en sus almas encarnan el bien colorido. «El resto está podrido».   El dragón no se enciende por la boca se incendia por la soga, su rabia aprieta, la justicia ahoga. Hay un mito maldito enterrado: esa cicatriz, al demonio tiene sellado, sólo un malnacido hace llorar al octavo pecado.

BURUKA [II]

Aquel insensato se fue directo a Mawfish que lo esperaba paciente y relajado. Iba con puño cerrado y a zancada ancha y pisada firme, parecía como si el terreno temblase con su malhumorada actitud. No comprendíamos, creo que nadie el porqué de su rabia. Pero no podría irla a descargar con mejor persona. Me temí lo peor pero reaccioné tarde. Y para cuando arranqué a intentar pararlo el daño ya estaba hecho. Un estruendoso grito de dolor me congeló el cuerpo justo enfrente del panorama. Naantan apareció como un relámpago. Estaba petrificada ante la situación: el idiota estaba retorciéndose de dolor en el suelo; Mawfish estaba de pie, inclinado hacia atrás,   uno de sus filos clavado en la rodilla del otro. —…Le…le ha rebanado el menisco …—logré articular por fin. El filo parecía una hoja de hojalata fina insertada en la rodilla de ese tipo. Sabía que me había quedado perpleja pero entonces mi chip médico del equipo me hizo impulsarme al malherido. Y empecé con el protocolo como ...

HÁLITO DE HUMUS

[...] Me encontraba arrodillada en uno de los altares. Fingía que oraba en la parte del absidiolo derecho de una de las iglesias de la Gran Urbe. Me encontraba en la parte más recogida, para que el párroco no me viera mientras conjuraba; a mi lado Spya, jugando con el filo de una de sus dagas de mano. No era la zona más inspiradora para que la nueva portadora de la Corona, —o sea, yo— manejara magia oscura, pero sí la más segura. Mis mantras oscuros se interrumpieron con la abrupta entrada de un guardia al establecimiento. Sus pisadas resbalaban por el suelo encerado de la iglesia, así que antes de que llegara al ala derecha, donde estábamos, ya sabía que eran noticias importantes. Por lo que levanté la mirada y miré al párroco. Éste continuó su sermón como si no lo hubiese visto; y cuando el guardia llegó a donde estábamos   y me susurró las novedades al oído, realmente me enfadé al oír su nombre. —Creí que había dicho que la quería muerta.— Debí decirlo con tanta rotundez qu...

ESCARMIENTOS TRAS LA BOIRA

[…] Claramente olía a cenizas y leña quemada, lo que me hizo sospechar que podría haberse dado un incendio a unos pasos de donde me encontraba. Una bandada de aves huía del lugar pero al mirar al cielo reconocí a uno de los pájaros. «¿Pero qué?». Entonces fue cuando me apresuré a llegar a la escena del crimen. El bosque estaba devastado, todos los árboles habían sido talados con magia negra que había quemado las raíces y los troncos que componían la arboleda. «¿Quién es tan salvaje como para…?», podría pensar una tez pagana, pero olía a culpa, a venganza injustificada. Era un claro arboricidio , y la firma, aunque podría ser de un haïek, era claramente magia de nigromante. «El odio de Nhï marcado a fuego.» Esto es hacer mal por hacer, sin un fin concreto. A menos que fuera una declaración de intenciones de guerra… lo cual complicaría la situación, sobre todo para aquellas personas que se creen diosas y no aterrizan en tierra firme cuando debieron. Sentí de pronto todo el dolor de...

DESCENSO A LOS INFIERNOS

A unos pasos de la última pista encontrada se encontraba un tumulto sospechoso cubierto de nieve. Al acercarme a comprobar que efectivamente era un portabebés , mis peores corazonadas empezaron a cobrar un sentido que no quería oír. —Asalto inesperado a una pareja de mediana edad con criatura hacia las siete de la tarde. Sin rastro de ninguna de las víctima. Un riachuelo de sangre que acaba en una explanada sin huellas ni ninguna otra pisada que nos pueda indicar un camino. No ayuda las fuertes nevadas de este mediodía. La mitad de lo que podría haber sido un escenario del crimen están cubiertas por nieve y removerlo sería arruinarlo todo… Seguimos sin nada. —Concluí tras pausar mi grabadora de mano. Cuatro, más el del ministro, que es una incógnita; luego la mujer desaparecida, sin relación alguna con la firma de Kenos Blanc y ahora nadie salvo un carrito de bebé, un rastro de sangre que acaba en una explanada y un equipo con una cantidad de casos sin cerrar, el jefe dando largas ...