HDD7:NONDOA Érase una brisa que soplaba siempre hacia las cornisas de Honjok, un ser fluido y efímero que duraba lo que dura un parpadeo de mariposa en el valle de Nondoa. Cada milésimo de atardecer subía la escalera que daba a la cratérica luna que iluminaba el valle y le pedía las setitas que brotaban de sus poros. Setitas que en miles daban lugar a praderas de colores fantasiosas y alucinógenas. Honjok pasaba muchos ratitos allí. Había veces que se llevaba su propio equipaje y se las recorría enteras, viendo cómo se regeneraba cada hongo que cortaba con permiso de la Luna. Pero hubo un día que encontró una especie jamás vista: era iridiscente, pulcra y lisa como las alas de un agaporni plateado. Su tacto era etéreo, casi insignificante, parecía tan delicado que Honjok tenía miedo a romperlo con el mínimo roce. Y sin embargo, era duro y resistente como el titanio diamantado del monte más alto de Nondoa. Y pidió a la luna si podía probar tan rico hongo, pues su aro...
la poesía is my passion · soy poeta cuando nadie mira