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GLACIARES HURAÑOS

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Inspiró profundamente y decidió abrir los ojos al mismo tiempo que lo espiraba paulatinamente. Debía relajarse por un tiempo antes de volver a batallar; y era en ese instante cuando todo estaba en calma, y podía concederse un tiempo para sí. Agarró la pastilla de jabón y la dejó disolverse entre las aguas de aquella bañera improvisada en piedra que había en el refugio. El agua estaba en su punto: tan gélida como los icebergs que tiempo atrás anduvieron. Era la temperatura en el que sus poros se abrían completamente y sus demonios se congelaban una vez relajaba los músculos. Eso quería pensar, y la funcionaba.

Fue metiéndose con delicadeza, primero una pierna, después la otra, hasta quedarse sentada, abrazándose las rodillas y mirando al infinito. Exhaló el calor de su cuerpo, pero su acendrada palidez ni se estremeció. Sentía el posible recorrido de una lágrima que nunca saldría de sus ojos. El tiempo estaba congelado. Se percató entonces de la tableta de chancaca que se había colocado al borde de la bañera; partió un poco y se lo llevó a la boca. Era el dulce sabor de la amargura, del silencio, del limbo de dejar la mente en blanco por un momento y no pensar en nada. Las paredes de aquel inhóspito lugar le recordaban a malos tiempos, pero no se dejó llevar por las memorias.

Se fue tumbando poco a poco, boca arriba, y sumergió la cabeza en el agua helada. Sólo se concentró en masticar la melosa pasta y fue cerrando lentamente los párpados hasta sentir que fluctuaba, que mudaba de piel, que no estaba en su pellejo y se imaginó por breves momentos que todo aquello no era más que un sueño.

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L O+ L E Í D O · A Y E R

e x i t u s · se escribe con uve [1001 · 20:21]

júbilo se escribe con uve [1925-2025]   Piel de papiro escribe su historia en retales de memoria de personas ajenas a ti,   Cinco horas con agravio que pasé contigo como Mario con Delibes, en tu lecho te acompaño, pues no quería que acudieras sola al encuentro más esperado,   «Qué bien nos vendría un abrazo», dijo Benedetti en Un amor eterno ; qué blanca tez mengua en tu recuerdo, el alma sale de aquí: habrá que irse en algún momento,   y no obstante, a cuántos muchos criaste sin tener la fuente de tu admiración cerca, con tantos abriles que se fueron escapando con tantas miradas puestas en ti, pocos poemas te declamé en tus idas y venidas y ahora que marchas, no salen de mi boca palabras mas sólo una mirada vaga que no sabe adónde ir.   Dos victorias entrelazadas dos generaciones ya separadas dos sofás:   vida y muerte y nada más,   dos derrotas silenciadas dos miradas ya apagadas dos perspectivas: una fría, otra ardiendo una en vías, otra viviendo, ...

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«Nos veremos en sueños hasta que nos veamos de verdad» _Cristina Moltó toda su vida buscando la luz toda su vida buscando y los colores lúcidos sólo le hacían  cegarse Monet, ¿qué te impresionó? quédate Monet, ¿qué te cegó? enséñame; mayo añora versos y cegada por absortos gestos no pude más que desistir Koi, he pensado en lo que me dijiste: este poema tuvo versiones pero pensadas desde el enojo ahora escribo desde los hechos y dejo atrás todo el despecho y vuelvo a escribir junio se colmó de maltrechos de referencias y cuentos una parte de mí dejó de existir, mucho texto, muy poco lecho un sueño: volver en sí · volver al lago a tus nenúfares Monet a mi calma, a mi buen ayer a buscar un halo que al cegarme me diera la clave de que no estaba mirando bien y reconectar con mi piel con el mutismo que me hace ser quien soy despojarme de agravios que no dejan ver quién soy centrarme en los consejos que quien me estima me da y de vuelta doy, quiero ver adónde voy que si me equivoco o lo h...

Desconexión

Estuve en la tesitura de quedarme en ese ayer turbio y sombrío o conocer el camino fangoso del posicionamiento: del "hoy quiero decir lo que pienso"... y lo dije. Me llovieron los ojos y el paraguas estuvo por un tiempo roto. Se nublaron los acontecimientos y en la pantalla apareció "error" yo añadí la desconexión. ANTERIOR ["Inktober de Poemas: 2 de octubre: Desconexión"] SIGUIENTE

Una noche paradójica

Tintineaban sincopadas las luces del pasillo. El goteo de uno de los grifos del baño revelaba que alguien se había olvidado de cerrarlo bien. No era de mi intención ir, estaba de turno de noche, debía permanecer alerta por si surgía una urgencia. Pero a su vez, sabía que nadie lo iba a cerrar, así que me apresuré a ir al baño con el portátil de rayos, mi mejor compañía en los horarios nocturnos. Dejé la mole en la salida de los baños y al abrir la puerta identifiqué rápido el grifo que goteaba. Una cadena sonó y pegué un respingo. Bueno, yo pronto me iría pero no pude fijarme mientras me iba en los bajos de los baños esperando ver que había una trasnochadora haciendo sus aguas mayores. Se me empezó a helar la sangre cuando, para mi sorpresa, no vi en ninguno de los cubículos a nadie. «Será de los baños de los tíos», me dije para relajarme. Pero mi piel ya rezumaba miedo y las gotas de sudor enfriaron mi espalda. Tensé los músculos e intenté quitarle hierro al asunto. «Estoy majareta, e...