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G.I.O.; OTRA HISTORIA

[...]

—Siempre fue autodidacta en todo. No pretendas enseñarle nada que ya sepa. Porque lo habrá aprendido en alguno de los infiernos que haya vivido antes de éste.

Miré a Naantan, no pretendía enseñar nada a nadie y ambos lo sabíamos, pero era un comentario de relleno para que el silencio no fuese tan pesado y vacío.

—…Recuerdo una vez— comenzó a decir Naantan como si nada de lo anterior hubiese salido de su boca— que vi un ocaso con Mawfish…

—¿Por qué lo sigues llamando por su mote de pelotón?— tenía la mirada perdida cuando se lo espeté, y no me fui dando cuenta de la crudeza con la que se lo preguntaba hasta no terminar la frase. Naantan se quedó perplejo. Entonces cambié mi tono e intenté salir de ahí: —Perdón, no debí…—me quedé buscando la excusa más convincente pero no encontré la que quería— es como si siguiera teniendo el yugo de las cadenas de aquél…— y supe que no podría completar la frase porque el general del pelotón no era ni humano. No se le podía clasificar como tal. Y me incorporé bruscamente.

—Iviv…

—No, no, tranquilo. Necesito un poco de sosiego, de calma. Voy…voy a la azotea.

Naantan no me retuvo y se lo agradecí.

 

No había pasado ni unos instantes cuando apareció el nombrado. Naantan se sorprendió. Y entendió entonces: disculpándose.

—Puedes.

—¿Te importa? Me sale Mawfish siempre pero tío, te conozco desde hace tiempo, sé que no es el mejor apodo ni las mejores connotaciones ni…

Ese tipo no necesitaba hablar más allá de lo justo y entendí que estaba hablando más de lo necesario. Si su entorno le llamaba Mawfish estaba bien. Pero ahora dudé: ¿cuál es el verdadero nombre de Mawfish: Mawfish o el que comentó hace un tiempo cuando decidimos hacer esta célula?

—Está bien. —Y apaciguó todas las posibles dudas de la misma manera que me produjo una enorme inquietud por no saber si estaba todo bien o no. Pero así era él. Iviv tenía razón.

—Cada uno aquí tiene su historia, creo.

—Si quieres llamarlo historia, sí.

Miré a Mawfish de reojo. Lo justo como siempre, y lo suficiente para decir tanto en tan poco. Ya había caído el sol, pero nos quedamos en silencio aguardando que pasara algo que nos despertara de esa extraña ensoñación que se había creado.

[...]

 

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