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BURUKA [II]

Aquel insensato se fue directo a Mawfish que lo esperaba paciente y relajado. Iba con puño cerrado y a zancada ancha y pisada firme, parecía como si el terreno temblase con su malhumorada actitud. No comprendíamos, creo que nadie el porqué de su rabia. Pero no podría irla a descargar con mejor persona.

Me temí lo peor pero reaccioné tarde. Y para cuando arranqué a intentar pararlo el daño ya estaba hecho. Un estruendoso grito de dolor me congeló el cuerpo justo enfrente del panorama. Naantan apareció como un relámpago. Estaba petrificada ante la situación: el idiota estaba retorciéndose de dolor en el suelo; Mawfish estaba de pie, inclinado hacia atrás,  uno de sus filos clavado en la rodilla del otro.

—…Le…le ha rebanado el menisco…—logré articular por fin. El filo parecía una hoja de hojalata fina insertada en la rodilla de ese tipo. Sabía que me había quedado perpleja pero entonces mi chip médico del equipo me hizo impulsarme al malherido. Y empecé con el protocolo como un mantra:

 

—Soy personal médico, estoy especializada en situaciones extremas de peligro. Se va a poner bien.— Saqué de mi cartucheras gasas especiales, Betadine desinfectante y el espeso ungüento que años atrás aprendí a hacer para ayudar a la cicatrización. —La hoja está profundamente insertada, señor, por favor tranquilícese…—Al menos en eso me hizo caso a pesar de su dolor y su gilipollez integral; desde los tiempos de la Célula, todo ser viviente conocía de mis dotes de auxiliar médico—…Le extraeré el filo…—no oía la riña de Naantan con Mawfish que se mantenía impasible ante los empujones y toques de Naantan, que lo gritaba. Sólo miraba cómo auxiliaba al otro con una sonrisa inexpresiva. No entendí bien pero no podía desconcentrarme en esos momentos.

Siempre que se dan situaciones de este tipo, casi como un modo de concentración absoluta, se me insonorizan los oídos. Así sólo me fijo en lo que he de fijarme: auxiliar al herido. Me quedé mirándole, no sé si quería ver malicia en esos ojos cansados. No sé si por culpar a alguien o buscar el motivo de ese ataque, pero seguí mirándole mientras seguía con el mantra:

—…Mantenga la respiración. Le va a doler un poco pero va a ser sólo…— entonces lo vi: ese resplandor dudoso, que me dejó extrañada—un instante.

Mawfish finalmente miró con ese mismo brillo a Naantan y esté paró en seco de vocearle.

—Al menos vive, ¿no?— espetó Mawfish antes de alejarse.

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