Érase un cervecero que tenía 300 cañeros. Usaba casi todos y sólo a veces tiraba cañas al cañero 300. Y el cañero 300 pensó. Si me tiran la caña sólo cuando le venga en gana al cervecero, para lo que yo valgo, mejor me voy a otro lado. Porque para comprobar que también tengo espuma y cerveza, para eso no me quedo. Y el día que menos cuenta se dé el cervecero, descubrirá que las mejores cañas que tiraba las tenía en el cañero 300. Y cuando le pidan caña del cañero 300 no podrá más que lamentarse por no haber apreciado a la caña del cañero 300.
« Oírte dormitar con los gimoteos del respirar, los suspiros del profundo sueño, es como el mismo deseo de tenerte cerca y creo que me estoy volviendo a enamorar. » _Zentauri · 16 de enero del 2026 los mejores días no son los mejores sentimientos no se ven las motas de paciencia se apagan las comisuras no sonríen genuinas (aunque lo intentan) las molestias afloran porque no se cambian de prendas las faltas de emoción ...
