Érase un cervecero que tenía 300 cañeros. Usaba casi todos y sólo a veces tiraba cañas al cañero 300. Y el cañero 300 pensó. Si me tiran la caña sólo cuando le venga en gana al cervecero, para lo que yo valgo, mejor me voy a otro lado. Porque para comprobar que también tengo espuma y cerveza, para eso no me quedo. Y el día que menos cuenta se dé el cervecero, descubrirá que las mejores cañas que tiraba las tenía en el cañero 300. Y cuando le pidan caña del cañero 300 no podrá más que lamentarse por no haber apreciado a la caña del cañero 300.
Niké- Ni que decir tiene que alada gana Niké- Ni que decir tiene que sin alas vuela Niké- Ni que decir tiene • tengo la bendición te equilibro la conversación Somos una, somos dos Zentauri sigue en mi álter Vikη sale a mí, en ego, como alma máter Sale como la nueva representación Es el yo ganador Es el nuevo ser goleador Acostúmbrate porque aún perdiendo la batalla Niké gana sin estar armada sólo desperezando el alma y echándole ganas.
