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Lo pequeño que es el mundo...

  La imponente catedral extendía sus agujas hacia el cielo en un intento de  parecer, aún más, el edificio más imponente e inquietante de la ciudad. La lluvia de otoño bañaba sus piedras y golpeaba las antiguas vidrieras. El rosetón viejo, frío y apagado vigilaba la desierta plaza del Mayor mientras las gotas de lluvia saltaban por el suelo y se anidaban en los charcos de las grietas del suelo
  Justo enfrente, en una vieja panadería, un chico miraba por el ventanal del escaparate hacia la catedral. El sonido de la lluvia se filtraba en la tienda y danzaba en sus oídos. Si se prestaba la atención suficiente se oía además el ínfimo tañido que tocaban las gotas al golpear en las campanas y el silbido del viento cuando bailaba entre las feas gárgolas.
   La campanita de la puerta lo asustó al sonar. Una chica había entrado y esperaba pacientemente frente al mostrador para que él la atendiese.  Llevaba un paraguas de plástico negro cerrado en las manos y éste goteaba en el suelo formando un charquito frente a sus gastadas botas militares. Su mirada vivaracha y avellana repasaba la vitrina de los pasteles de lado a lado buscando la merienda perfecta para una tarde tan fría y lluviosa. Pareció decidirse ella por un pequeño pastel relleno de chocolate  cubierto de azúcar glas y cuando se lo  pidió a él se oyó su voz clara y acorde con la lluvia y las campanas (o así le pareció a él, pues para ella cualquier sonido le parecía más agradable que su propia voz). Pagó y despidiéndose con una sonrisa se marchó. El chico dijo adiós distraído, sin apartar la vista del cristal y le dio por buscarla con la mirada segundos después. No la vio por ninguna parte. Mala suerte; pues ninguno de los dos era consciente del gran secreto que los unía...

Esther Ochoa

L O+ L E Í D O · A Y E R

Marcapáginas

Pronunció mi mirada con su sola presencia. Era un duelo de miradas, de visos, de querer y quiso. Declamó versos de sus labios, ambos aceptamos ser sumisos: rimó guiño y párpado. Puse trufa a la estrofa; salté de párrafo relamió cada sílaba como si fuera dulce agrio, quiso querer y quiso. Interceptaba mis palabras, recorríamos el mismo camino. Dedicó un espacio al tiempo que nos llovía despacio. Fue una tregua de abrazos, de leer y ser leído. Anotó en un renglón lo que quería hacer conmigo y jamás se le olvidó, esperaba el despido. Él fue rosa, yo su libro, intercambiamos miradas tocó atardecer, sonreí a su partida, con decoro, adornó el camino, pusimos fin a la sílaba, la dejé contigo. Feliz día del Libro y de San Jorge.

destrezas

No hace falta razones coge la playa y nos bañamos aventura tras aventura a la mar nos vamos. poemtober: aventura

daily chat

sin centrar un renglón a perfilar y miraaaa, qué tonteeeríaaaa zarzas y moras en una patissería un postre a catar sin filtrar un mensaje, un audio déjame evadir frutos salvajes decoran tu ombligo palpita en mí raquíticos tornados en mi celular te gusta la melodía y transformar un día a día, en algo más posible rollo romántico sólo queda esperar eres mi daily chat ¿posible vuelta a enamorar? quizás, quizá, quizás no siento ese ímpetu sólo frambuesa y miel espero al estallido Sant Joan ya fue una rosa, no un florero un libro, una lectura en el caminar Sant Jordi queda más cerca o el cora dejará de funcionar sin puntualizar sin definir, sin rímel, sin decora sin prejuicios y con mejoras la adultez nos une y nos reporta novedades en el porvenir. poemtober: equilibrio

mi ciudad natal

todo en su sano juicio en proporción, todo es bonito falta ver las medidas o las medias no las medias tintas ahora que te tengo aprecio Burgos, te veo con más aprecio más precioso más esbelto cada vez que tus picos de coral veo una catedral del mar invertido el paseo, el espolón, la isla,  la paz y el retiro una maqueta hecha con gracia de una ciudad que quise en el olvido ahora que no hay malas lenguas que no hay falsos mitos ahora que te veo con gracia y respingos ahora es cuando más te aprecio y admiro todo en proporción en su sano juicio todo puede tener un perdón, un ave rapaz, un pajarillo ahora que paseo sin ansiedad ahora que paseo y me echo guiños ahora que me siento la mejor y lo más es cuando el amor propio tengo de corpiño y todo en su justa medida y todo con perspectiva adherida y todo tiene sentido ahora que me reconcilio mi ciudad natal veo como mi vida: despegando e hilando fino. poemtober: proporción