Me preguntó si volvería, pero yo le dije que ni siquiera me había ido. Me miró impasible; no dije nada más. Miré al horizonte: el ocaso marcaba la hora de marcharse. Me giré para mirarle por última vez y le deseé que todo fuera bien. Para cuando me quise dar cuenta, ya estaba empezando a llover sobre nosotros. Me aconsejaste que ya era momento de partir. Así que di un beso a la fría lápida que se te dedicó y me fui.
« Oírte dormitar con los gimoteos del respirar, los suspiros del profundo sueño, es como el mismo deseo de tenerte cerca y creo que me estoy volviendo a enamorar. » _Zentauri · 16 de enero del 2026 los mejores días no son los mejores sentimientos no se ven las motas de paciencia se apagan las comisuras no sonríen genuinas (aunque lo intentan) las molestias afloran porque no se cambian de prendas las faltas de emoción ...