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Ayer

Estando a finales de mes y aún con las facturas sin pagar, se pasa el tiempo tras la ventana del cristal. Ve a sus vecinos jugando con la nieve, y el sin estudiar, mira fijamente el techo de estrellas decorado. (He de parar). Vuelta y vuelta, en la cama está. No ha podido sentarse a empollar. Hoy no es su día y sin embargo, no lo será. Hoy el cielo está triste y no es porque vaya a catear. Antesdeayer, a segundos de la preparatoria escuchó en las noticias: "Dos almas más que se van"; una de ellas desconocida... la otra no pudieron soportar sus llantos callar. Ayer, acompañó al padre de la criatura al funeral; ayer no lloró como con el noticiero, como hoy... Una breve oración a pesar de la poca religión que la joven seguía. Ayer fue un día para querer olvidar. Pero no olvidó. Pasan las horas y me siguen sus ojos por la habitación, esa perfecta sonrisa abierta, congelada en la estación cuando se fue de viaje de Erasmus...y al final no volvió. Esa culpa...

Un nudo

   Los nudos en la garganta son lo peor. Es como si hubiera un puño directamente dentro de la laringe y éste intentase expandirse haciendo saltar sangre y trocitos de cartílago en el proceso. Cuando abres el grifo de tus ojos y dejas que las lágrimas corran y arrastren consigo rímel y (el) maquillaje (de tu fachada), te crees a salvo. Entonces tragas saliva y el nudo te recuerda su presencia haciéndose más compacto y duro. Tanto que casi impide que el aire pase a tus pulmones. Eso y el propio dolor físico que sientes hacen de tu desgracia, aunque ya lo sea, la más grande del mundo.    Luego intentas calmarte, te tumbas, das vueltas, reflexionas, te muerdes el puño... todo ese tipo de cosas. Para nada. Siempre hay algo en la garganta dando puñetazos desde dentro exigiendo que las lágrimas afloren. Ese algo siempre gana la batalla y se sale con la suya.    Hay dos tipos de llanto: el primero, en el que lloras sin hacer ruido mientras estrujas la almohad...

Destino

Me encanta cuando mis bragas Se pierden entre tus sábanas. Porque es señal inequívoca De que no quieres que me vaya. Me encanta lo que no dices, Pero que se refleja en nuestro abrazo Y en tu cuerpo. Después de todo no es tan malo. Adoro imaginarme las caras De consternación de los vecinos. Hipócritas mojigatos todos, Nadie dijo que los placeres deberían ser inocentes todos. Habrá a quien le parezca mejor o peor. Esos no entienden. No se pueden controlar los impulsos del amor. ¿Y qué me cuentan a mí de pecado, Cuando yo no tengo dioses Ni yo soy dueña y responsable de mi destino? Esther Ochoa 

Lo pequeño que es el mundo...

  La imponente catedral extendía sus agujas hacia el cielo en un intento de  parecer, aún más, el edificio más imponente e inquietante de la ciudad. La lluvia de otoño bañaba sus piedras y golpeaba las antiguas vidrieras. El rosetón viejo, frío y apagado vigilaba la desierta plaza del Mayor mientras las gotas de lluvia saltaban por el suelo y se anidaban en los charcos de las grietas del suelo   Justo enfrente, en una vieja panadería, un chico miraba por el ventanal del escaparate hacia la catedral. El sonido de la lluvia se filtraba en la tienda y danzaba en sus oídos. Si se prestaba la atención suficiente se oía además el ínfimo tañido que tocaban las gotas al golpear en las campanas y el silbido del viento cuando bailaba entre las feas gárgolas.    La campanita de la puerta lo asustó al sonar. Una chica había entrado y esperaba pacientemente frente al mostrador para que él la atendiese.  Llevaba un paraguas de plástico negro cerrado en las manos y ...

Las luces y la ciudad

Los neones son horribles Y la luz de las farolas también. Parecen los fantasmas de los muertos Atrapadas en estrechos tubos de cristal. Pero tampoco son mejores Los callejones oscuros, Las travesías sin iluminar Y tampoco los parques sin alumbrar. El asfalto es frío y duro Y los adoquines también; Siempre hay alguno suelto, que baila Cuidado, que te puedes caer. Las aceras brillan si se mojan, Como los árboles Y  la yerba también. Los baches se llenan de charcos Esperando a un niño a saltar. La niebla oculta los tejados, Se come las torres y las agujas de la catedral. No hay farola ni foco tan potente Que la puedan disipar. Si te pierdes y no te encuentras, Toma de referencia un punto. Puede que alguna horrible luz Te pueda llevar al  hogar. Esther Ochoa