Hubo un tiempo en el que se preguntaba de qué color serían sus ojos cuando mirase al cielo. Si se reflejarían en él los grises de cada tormenta o los ocasos de cada primavera. O si la lluvia limpiaría dejando la belleza del petricor. Mirando al cielo, soñaba alto, las cadenas lo apresaron: tienes que mirar por dónde vas. Creo que es un alma que no aprende a mirar sólo hasta donde le dicen, siempre mira más allá. Creo que es un ente que no está hecho para este mundo donde no se prioriza la humanidad sino la practicidad mecánica. Cree que es un espíritu difícil de hacer encajar y lo percibe en cada atentado contra la humanidad que día a día ve. No sabe si sabe pensar fuera de la caja porque nunca supo encajar. Pero a veces siente que vive más fuera que dentro y aun así está desorbitado. No lo hace consciente, le sale sin más. Y a veces piensa si estará el mundo malo o estará él mal. Hay cuestiones que no contesta y deja pasar mientras mira el cielo y ve cómo va cambiando y se pregunta: "¿de qué color mis ojos se verán?".
A Ida, un flechazo danés, tenía el mar impreso en sus cejas de dónde viene adónde se queda yo manejo, tu voz me lleva mar adentro, mar pernera sopla el viento, tu cara despeja capitana de un barco en cuesta cuesta dar el paso y en poema (se) queda un flechazo extraño de ultramar que en bote vikingo se aleja tørt hav tørt hav hvad nu? svar havet bliver ikke fugtet af tårer der er kun vand i digtene* aquí queda, crush , como un lifejacket pinchao una llamita de ida y vuelta pega sant joan quema apaga y en ascuas deja. *mar seco mar seco ahora qué contesta no con lágrimas humedece el mar sólo hay agua en los poemas
