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Arde la Roma que muere dentro

Me he dado cuenta de que no quiero escucharte decirlo,
ya no hay más silencio en mis oídos
ahora oigo el eco de todo lo que no olvido.
Hace tiempo que me di cuenta de que seguirías conmigo
acepté tu compañía, pero no que me acompañaras en el camino,
pero hay pasos que persiguen, y de los que nunca me libro,
 
hay susurros que arañan mis sueños,
hay vigilias que murmuran en el asilo.
Hay recortes de periódicos caídos,
hay un momento de retroceso: hay un acantilado, hay un encuentro.
Hay un "hagamos las paces", hay un "por el momento".

Me he dado cuenta de que cuando no quiero escucharlos, te pienso,
me agobian las luces, comienzan los descensos;
hacía tiempo que no escribía plasmando los sentimientos,
no debería abrir la puerta, si todavía hay candado; me miento...
Tengo ganas de gritar en alto, pero más contra el viento,
tengo ganas de acurrucarme y caigo, que sólo en ovillos me convierto.
 
Es pensarte y tiemblo;
es pensarte y no alcanzo a incorporarme,
este féretro me dejó tieso.
Es sorprenderme y no acordarme
de que yo ya estaba muerto.
 
Necesito volverme de acero.
Protegerme. Reforzarme.
Amarrarme, y que mi corazón pare quieto.

Me he dado cuenta de que no quiero escucharme
y otra vez fantaseo; pienso que todo va bien
y al final veo que todo está ardiendo.

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Una noche paradójica

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