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Instancia–D

Eres el sueño del cual no despierto,
eres la luna que alumbra mis adentros
sed sedienta de morirse por dentro,
agua hirviente que deshace mis sueños,
mi alma, mi último suspiro, mis parpadeos…

Fuiste lo que llena el hueco
la caja de zapatos escondida, el lo siento
fuiste la pastilla contra el dolor ajeno
la luz encendida, la confesión, el entendimiento,

la cara dura, el salvamiento,
la tristeza y la ternura
el refinamiento…

la vida en sueño
la pesadilla y su finura,
el final de mi cuento…

¿Serás el halo de amanecer que pienso?
¿O mejor,
la primera estelar que cruce cada torbellino de viento?
¿Serás el porvenir que vuela
o el que acaba por llegar?

¿Qué eres?

¿Qué fuiste?

¿Cómo acabarás?


¿Quién eres?

¿En qué te convertiste?

¿Qué acaba de pasar?

Y  entonces suena una melodía triste
a ritmo de tambores de guerra
gemas de viento madera, otoñal
finas cuerdas de lino, otoño invernal

y tras la tormenta de arena helada
llega la ola calmada
surgen las hierbas aguadas
la primavera espera ser amada,

finalmente, en las noches negras
un recorte en el escote de la tarde
la puesta de sol almíbar
el dulce del verano, cantar de hienas.

Vuelven a la memoria
las tres preguntas de la vida…
y te cuestionas al verme
en estos ojos impasibles…

lo que...:
¿fuiste?
lo que...:
¿eres?
Y…
¿Quién?

Desde la lejanía
¿sabrás contestarte?

No dejaré más huecos sin relleno falso,
sin sustancia, sin vida
acostúmbrate a la sangría;
mi cuerpo permanecerá en descanso.


[Parte de proyecto "Escribiendo sobre piedra/ Writing On the Wall"(por Victoria H.C. ©]

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Una noche paradójica

Tintineaban sincopadas las luces del pasillo. El goteo de uno de los grifos del baño revelaba que alguien se había olvidado de cerrarlo bien. No era de mi intención ir, estaba de turno de noche, debía permanecer alerta por si surgía una urgencia. Pero a su vez, sabía que nadie lo iba a cerrar, así que me apresuré a ir al baño con el portátil de rayos, mi mejor compañía en los horarios nocturnos. Dejé la mole en la salida de los baños y al abrir la puerta identifiqué rápido el grifo que goteaba. Una cadena sonó y pegué un respingo. Bueno, yo pronto me iría pero no pude fijarme mientras me iba en los bajos de los baños esperando ver que había una trasnochadora haciendo sus aguas mayores. Se me empezó a helar la sangre cuando, para mi sorpresa, no vi en ninguno de los cubículos a nadie. «Será de los baños de los tíos», me dije para relajarme. Pero mi piel ya rezumaba miedo y las gotas de sudor enfriaron mi espalda. Tensé los músculos e intenté quitarle hierro al asunto. «Estoy majareta, e...