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¿La patita...?

Madre cabra
a sus cabritas las avisaba
acerca de un lobo que a sus hijas acechaba
y a quién ellas no debían a casa dejar pasar,
porque si así lo hicieran
a sus cabritillas devoradas vería al regresar.

No había pasado ni dos minutos
cuando en la puerta oyóse un extraño sonido:
una vocecita ruda, casi un ruido
que las animaba a abrir la puerta;
«niñas, que soy la madre»,
se oía
pero las cabritillas sabían
que era el acosador del lobo
y le negaron la entrada.

Y aunque el lobo intentara de mil maneras
engañar a las cabritillas
éstas eran listas
y le negaban la entrada cada vez que volvía.

El lobo cansóse de sus malas artimañas
y pensó en teñirse la pata
para así cuando preguntaran las cabras
al enseñarles la pata
ninguna duda habría;
y así obligó a un molinero a que, con harina,
la pata blanca le quedara.

Con esta última treta pudo entrar
a las cabritillas cazar,
aunque sólo la pequeña salvóse del depredador pero...
como satisfecho quedóse
a dormir en la sombra de un árbol descansóse.

y como a todo pobre lobo que en los cuentos aparecióse
a tijeretazo limpio cortólose
la barriga pa'que los cabritillos salieran,
y para rellenar como en otros muchos cuentos
piedras pesadas a la pobre 'bestia', por el ombligo metieronse:
para así 'tener un final feliz',
para así que un nuevo lobo muera
o de dolor
o de ahogamiento por sed
o de reuma por cansancio
o de lo que a los Hermanos Grimmados se les ocurriera.

Pero sobre todo después de la tragedia,
de la muerte del lobo y de la alegría de las cabronas
el cuento queda solo en la estantería
mientras los niños aprenden como bobos
falsas historietillas.

A ver si enseñamos a los niños
a ver la verdadera realidad
que aunque los padres no quieran, exista
que los cuentos de hadas están muy bien
pero no para adoctrinar a la cría.
Los clichés y las etiquetas, déjelas para otro día
y mientras tanto, enséñeme la patita
(quién sabe si es usted otro 'malvado lobo' que viene a devorar a mis cabritillas).

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